Nahla abrió los ojos de golpe, desorientada y con la cabeza doliéndole a rabiar. El piso bajo su cuerpo no era el de su habitación; la realidad la golpeó de frente cuando logró enfocar la figura que permanecía de pie, observándola desde la penumbra. Paolo estaba ahí, estático, dedicándole una sonrisa siniestra que le revolvió el estómago.
—¿Qué m****a quieres, Paolo? —escupió ella, tragándose el miedo mientras intentaba incorporarse—. ¿Por qué carajos me mandaste a secuestrar?
—Solo quería mostr