El eco de la tormenta corporativa quedó atrás, lejos de las paredes del pequeño y desgastado apartamento donde Dalia intentaba reconstruir los pedazos de su existencia.
El cerrojo de la puerta principal cedió con un cruce de metal siniestro, rompiendo la frágil calma del lugar. Ella se giró de golpe, soltando la taza que sostenía, la cual se estrelló contra el suelo. En el umbral, recortado por la luz pasillera, la figura alta y robusta de Mauricio se materializó como su peor pesadilla hecha car