La tarde cayó con un tono apagado, como si el cielo presintiera lo que estaba por venir.
Valentina sostenía el teléfono con ambas manos. En la pantalla, Nahla la miraba con el ceño fruncido, visiblemente herida.
—Me prometiste que ibas a venir hoy… no mañana, no después… hoy —dijo la niña, con la voz temblorosa—. Yo te estuve esperando todo el día. No salí, no hice nada… porque pensé que ibas a llegar. ¿Por qué haces eso conmigo?
Valentina sintió cómo cada palabra le pesaba.
—Nahla… escúchame, p