—¡Eres tú! —gritó Julián, hundiendo la cara en su hombro, asfixiado por sus propios sollozos—. ¡¿Esto es real?! ¡Dime que no estoy loco! Porque si estoy soñando, prefiero que me mates ahora mismo a despertar. En esa mansión todo es frío, Valentina... ¡Todo es un asco, todo es una mentira!
Valentina lo apretó contra sí, sintiendo la fragilidad de ese adolescente que había madurado a golpes de soledad.
—Lo siento mucho, Julián —susurró ella, con las lágrimas quemándole las mejillas—. Jamás quise q