Valentina observaba caer la nieve tras el cristal en Vancouver, pero su mente estaba dispersa . Sostenía entre sus manos un sobre lacrado que había llegado por correo certificado, enviado por el abogado personal de Leónidas.
El mensaje era una sentencia: el testamento no se abriría si ella no estaba presente. Leónidas, a quien ella, creía haber engañado con su muerte fingida, siempre supo que ella respiraba. Él había guardado su secreto, pero como última voluntad, la obligaba a salir de las somb