Julián levantó la vista, buscando una verdad que no encontraba en los rostros de los adultos.
—¿Papá? —la voz de Julián vibró, pequeña y rota—. ¿Por qué esa mujer dice esa mentira?
Alejandro no respondió.
El niño señaló a Penélope.
—Yo no tengo una hermana. Y mi única mamá es Valentina.
Fabiola, al ver la vulnerabilidad del niño, estiró una mano intentando acariciar su mejilla. Su rostro fingía una dulzura que no llegaba a sus ojos.
—Mi amor, Julián, soy yo...
—¡No me toques! —gritó el niño, apa