Las semanas pasaron en medio de una falsa tranquilidad.
La tormenta que había estallado aquella tarde en la mansión Casalins no desapareció realmente; solo se escondió bajo la rutina diaria.
Clarisa se mantuvo firme en sus acusaciones. A pesar de las presiones, de los rumores y de las miradas incómodas, no dio un paso atrás. Su testimonio fue claro, contundente. Esta vez la verdad no pudo ser enterrada.
Federico terminó recibiendo una condena de un año y medio de prisión.
Para muchos fue poco.