La ceremonia civil fue sencilla, discreta y rápida.
El salón del juzgado estaba adornado con flores blancas y luces suaves. No había prensa, no había socios curiosos, solo los necesarios. Cristina sostenía el ramo de Valentina. Maximiliano permanecía erguido junto a Alejandro, orgulloso y atento.
Valentina llevaba un vestido blanco marfil, ceñido a su figura con una elegancia impecable. No tenía pedrería exagerada ni encajes recargados. Era liso, de corte recto, con una abertura delicada en la p