Valentina no respondió de inmediato.
Las palabras de Alejandro seguían flotando en su cabeza, pero no eran las únicas. Otras, más crueles, más recientes, se abrían paso sin piedad.
Héctor riéndose en la estación.
“Ni siquiera respetaste la memoria de tu hija.”
La forma en que la miró, como si ella fuera basura. Como si Luz no hubiera existido más que para manchar su nombre.
Valentina apretó los puños.
Recordó el tono burlón. La seguridad con la que aseguró que nadie volvería a confiar en ella.