La mañana llegó sin anunciarse, colándose por las ventanas del hospital con una luz suave. Aurora abrió la puerta de la habitación con cuidado, intentando no hacer ruido. No esperaba nada… pero lo vio.
Julián estaba ahí.
Sentado en el suelo, recostado contra la pared, con la cabeza ladeada y el cuerpo vencido por el cansancio. Había cumplido su palabra.
Aurora se quedó quieta unos segundos, observándolo. Había algo en esa imagen que le apretó el pecho. No era el hombre arrogante que conoció. Era