Jessia buscaba en su mente qué decirle a su amiga cuando uno de los teléfonos que estaban sobre la mesa de café en la terraza, comenzó a sonar. Jessia respiró aliviada cuando anunció:
–Es el mío, tengo que atender –tomó el celular y se alejó hacia la sala para hablar en privado, Elizabeth la vio hacer todo el recorrido y alzó una ceja, por primera vez en su vida estaba dudando de la sinceridad de su amiga.
Pasó un buen rato antes de que Jessia regresara a la terraza y al hacerlo com