Al día siguiente Elizabeth recibió la visita sorpresa de Jessia, se saludaron efusivamente ya que tenían tiempo sin verse ni hablarse, pero el cariño entre ambas amigas se mantenía intacto.
–¿Cómo has estado mi tesoro? –preguntó dulcemente Elizabeth.
–Muy bien, he venido porque tengo noticias y no tendría emoción si no te lo digo en persona, pero antes te informo que el mujeriego innombrable está desaparecido de Italia, por lo que supongo que andará de juerga con alguna