El sol se ponía tras las colinas que rodeaban la ciudad, pintando el cielo de tonos rosados y anaranjados que parecían encenderse como una promesa. Artemisa Weber, con el viento despeinando su cabello castaño, conducía su auto deportivo rojo por una carretera sinuosa que serpenteaba entre los bosques. El rugido del motor era como una extensión de su propio corazón, fuerte y libre, un recordatorio de cuánto había cambiado su vida desde los días en que su salud la mantenía atada a una cama de hos