Diez años después, la mansión Kholl seguía siendo un faro de amor y risas, pero el mundo a su alrededor había evolucionado en una sinfonía de cambios, sueños cumplidos y promesas renovadas. Dalila Weber, ahora de cuarenta y cinco años, se había consolidado como una de las actrices más respetadas de su generación. Su papel como Isabella en Sombras de Cristal le había valido un premio nacional, y desde entonces había protagonizado tres películas aclamadas y una obra de teatro que agotó entradas d