La mansión Kholl, con sus ventanales reflejando un cielo gris de nubes bajas, parecía contener el aliento aquella tarde de finales de primavera. El aroma de la lluvia reciente se mezclaba con el de las gardenias que Dalila Weber tanto amaba, pero dentro de la casa, una tensión silenciosa se había instalado. Dalila, sentada en el sofá de la sala de estar, sostenía un guion de Sombras de Cristal, su nueva serie como coprotagonista, aunque sus ojos apenas recorrían las líneas. Su mente estaba en o