La mansión Kholl, con sus muros de piedra que parecían susurrar historias de generaciones pasadas, estaba envuelta en una quietud tensa durante los primeros meses del embarazo de Dalila Weber. El aire de la primavera traía consigo el aroma de las lilas, pero dentro de la casa, el corazón de Dalila latía con una mezcla de esperanza y temor. Estaba embarazada, un sueño que ella y Albert habían acariciado en sus momentos más íntimos, pero el camino hacia la maternidad estaba resultando más frágil