ÓRDENES CLARAS Y PRECISAS.
El amanecer en Bella Vista llegó envuelto en una quietud engañosa. La luz del sol se filtraba lentamente entre los árboles, pintando de tonos dorados la fachada impecable de la Villa Hill. Desde la ventana del dormitorio principal, Dulce observaba el exterior con atención excesiva, como si aquel paisaje apacible ocultara una amenaza invisible.
Kevin ya se había ido.
Lo vio salir sin hacer ruido, con la misma sobriedad que lo caracterizaba últimamente. No hubo despedidas. No hubo miradas prolongadas. Solo pasos firmes, precisos, que se alejaron por el corredor hasta desaparecer.
Dulce entrecerró los ojos cuando distinguió el movimiento en el exterior.
Uno… dos… tres vehículos.
Negros. Discretos. Coordinados.
No era un traslado común.
Se mordió los labios con fuerza, un gesto involuntario que revelaba más de lo que ella quisiera admitir. Su mano se apoyó contra el cristal frío de la ventana mientras observaba cómo los vehículos abandonaban la propiedad uno tras otro, sin p