VILLA LA MATILDE
El trueno cayó como un latigazo contra el cielo, tan violento que las ventanas de la habitación vibraron con un temblor seco. Leah abrió los ojos sobresaltada, su respiración entrecortada por el sobresalto, y durante unos segundos permaneció inmóvil, tratando de entender si el sonido formaba parte de un sueño o de la realidad.
Otro trueno iluminó la habitación con un parpadeo blanco. No, no era un sueño. Bella Vista estaba siendo devorada por la tormenta más intensa que había visto en meses.
Leah se incorporó lentamente, sintiendo la suave presión en su vientre. Sus dedos, delicados y temblorosos, se posaron sobre la piel cálida de su abdomen cubierto por la tela fina del pijama. Allí estaba su bebé… su pequeño milagro. El hijo de Kevin. El hijo de ambos. Un pequeño ser que fue creado con amor.
—Sabemos que papá va a solucionar todo esto… —susurró con un hilo de voz, acariciando su vientre con ternura.
Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, pero había un brillo