Leah fue dada de alta a tempranas horas aunque con varios cuidados catalogado como necesarios.
La Villa La Matilde estaba en silencio.
Un silencio extraño, pesado, como si incluso las paredes supieran que algo definitivo estaba a punto de ocurrir. El atardecer entraba por los ventanales, tiñendo todo de tonos cálidos que contrastaban cruelmente con el frío que se sentía en el ambiente.
El médico fue claro, directo, casi severo con Kevin en el informe: reposo, cero alteraciones emocionales, tranquilidad absoluta. El embarazo seguía siendo delicado. El peligro no había desaparecido del todo.
Kevin había leído absolutamente todo como padre del hijo. Había prometido cumplirlo. Pero había una verdad que no podía seguir posponiendo. Y a Kevin Hill le pesaba aceptar.
Leah estaba sentada en uno de los sillones del salón principal, envuelta en una manta suave. Su piel aún conservaba la palidez del hospital, pero su vientre sobresalía levemente, recordándole a cada segundo que no estaba