El despacho seguía en penumbra.
Afuera, la madrugada apenas comenzaba a rendirse ante un amanecer distante, pero dentro de Kevin Hill no había claridad alguna. El silencio era denso, casi sofocante, y su corazón… su corazón parecía sangrar en un dolor mudo, constante, imposible de ignorar.
Se había quedado sentado durante largos minutos sin moverse, con la mirada perdida en la nada, como si el tiempo hubiera decidido abandonarlo también. Nada en él estaba en calma. No había paz. No había or