Bella Vista amanecía con una calma que contrastaba brutalmente con el infierno interior de Kevin Hill.
El portón principal de la Villa La Matildr se abrió con un sonido metálico grave cuando su vehículo ingresó. Kevin no miró el jardín, ni los trabajadores, ni el cielo despejado.
Solo caminó.
Recto.
Rígido.
Liliana lo esperaba en el despacho principal. Tenía una carpeta gruesa apoyada contra el pecho y el rostro serio.
Cuando Kevin entró, ella notó algo en su expresión.
No era solo cansancio.
E