Leah no recordaba en qué momento exacto su vida se había convertido en una mezcla perfecta entre ternura absoluta y caos doméstico, pero sospechaba que todo había comenzado desde que el pequeño dormía en la cuna, justo al lado de la cama.
Su hijo respiraba tranquilo, con ese sonido suave que solo tienen los recién nacidos, y Leah estaba inclinada sobre él, acomodándole la manta por tercera vez en cinco minutos.
—Está bien, mi amor… mamá está aquí —susurró, sonriendo con esa expresión que so