Barcelona amanecía luminosa, con el sol filtrándose entre los balcones antiguos y el murmullo lejano de la ciudad entrando por las ventanas abiertas. En el amplio salón del apartamento familiar, los juguetes estaban desparramados como pequeñas huellas de una batalla infantil. Allí, en medio del caos más adorable del mundo, se desarrollaba una escena que solo podía pertenecer a los hijos de Kevin Hill y Leah Presley.
Kevin Andrew Hill Presley, de cinco años, estaba de pie frente al sofá, con l