En la habitación más alta de la Villa, donde el viento susurraba contra los ventanales y la luz de la tarde se filtraba en tonos dorados, Leah trabajaba en silencio sobre una amplia mesa de madera antigua. El lugar parecía suspendido entre el cielo y la tierra; desde allí podía verse el jardín extendiéndose como un tapiz verde, y más allá, las montañas desdibujadas por la bruma.
La estancia estaba inundada por el aroma suave del incienso de sándalo. Sobre la mesa, ordenadas con meticulosa pre