La noche parecía suspendida en un silencio espeso.
Leah, harta de todo, había cerrado sus antiguas redes sociales y abierto otras nuevas bajo nombres que nadie reconocería. No quería saber nada del mundo, y menos aún que el mundo supiera de ella. Sentada frente al tocador, la luz fría del espejo iluminaba su rostro marcado. Las sombras de los golpes de Verónica aún se dibujaban en su piel, recordándole que incluso el amor podía doler de maneras crueles.
—Te entiendo… —susurró, acariciándose l