Dentro del vehículo que avanzaba hacia la empresa, Leah no podía mantenerse en silencio. El aire entre ambos era denso, cargado de palabras no dichas. Aun sabiendo que su marido no le prestaba atención, se atrevió a hablar.
—Te agradezco lo que hiciste. Aquí tienes el dinero que gastaste.
Kevin levantó la cabeza con un leve giro, su mirada azul, cortante, se clavó en ella. El celeste de los ojos de Leah tembló bajo aquella intensidad; había inocencia y vergüenza en su gesto, como si temiera h