Leah cruzó las puertas de Hill Enterprises. Su paso era firme, aunque dentro de sí aún ardía la mezcla de ira y confusión que Kevin había dejado tras la discusión en el vehículo. Caminó sin mirar atrás, ignorando las miradas curiosas de los empleados que percibían la tensión invisible que parecía seguirla como una sombra.
Kevin, mientras tanto, seguía dentro de su automóvil. Las manos en el volante, la mandíbula apretada, los ojos perdidos en la fachada del edificio. La vio desaparecer entre lo