Una mañana fría y rígida en el estudio de grabación subterráneo de la Torre Reyes. El aire aquí se sentía vacío, con olor a polvo electrónico rancio y un ligero aroma antiséptptico del suelo recién limpiado. La luz blanca de los fluorescentes punzaba los ojos de Alrana, en marcado contraste con la calidez del sol matutino de Oaxaca que siempre anhelaba. Lucyano Reyes ya esperaba detrás de la consola llena de botones y pantallas de monitor, su silueta alta e imponente parecía fría e inalcanzable