Mundo ficciónIniciar sesiónEl frío agarre de Lucyano todavía se sentía en el hombro de Alrana mientras era sutilmente arrastrada por un corredor cubierto de oro y mármol negro que se extendía sin fin. Cada paso se sentía como un arrastre del alma. La luz de cristal de una gigantesca araña de luces rebotaba en cada detalle del lujo, pero Alrana solo sentía un terrible vacío. Varios guardias de Reyes, con sus impecables trajes, la flanqueaban, asegurándose de que ninguna rebelión escapara a la mirada de Lucyano. Llegaron frente a un par de puertas dobles de madera de teca intrincadamente talladas, adornadas con el emblema de la familia Reyes: un águila que sujetaba una corona.
Las puertas se abrieron, revelando una habitación que parecía más un trono moderno que una oficina privada. Ventanas gigantes de suelo a techo enmarcaban el brillante panorama de la Ciudad de México, mientras en el centro de la habitación, una enorme mesa consola de cristal se alzaba, rodeada de sillas de cuero color carbón. Detrás de ella, Lucyano caminó tranquilamente hacia su gran silla, sin apartar la mirada de Alrana.
"Siéntate, Alrana," dijo Lucyano, su voz ahora tranquila de nuevo, pero conteniendo una autoridad innegable. Señaló una de las sillas más cercanas a la mesa.
Alrana se negó. Permaneció de pie, con ambas manos apretadas a los costados. El aroma de tabaco de puro caro y papel nuevo flotaba, mezclado con un aura de poder que se sentía mortal.
Lucyano sonrió débilmente. "¿Todavía te atreves a desafiarme? Bien. Me gusta tu espíritu. Hará que este 'juego' sea más interesante." Deslizó un grueso documento sobre la mesa de cristal, dejando que el reflejo de la luz tocara su cubierta. "Esto es 'El Contrato de La Malicia'. Un boleto a un mundo que nunca imaginaste. O un infierno peor de lo que jamás hayas conocido."
Alrana dio un pequeño paso adelante, sus ojos recorrieron el documento rápidamente. Solo el título le erizó los vellos de la nuca. "No necesito su boleto, Señor. Ya tengo mi propio mundo. En Oaxaca."
"¿Un mundo que será arrasado si los cobradores del cártel actúan primero?" Lucyano bromeó, entrecerrando los ojos. "¿Un mundo donde tu madre tiene que trabajar tan duro que tose sangre solo para mantenerte? ¿Un mundo donde tu padre murió por su propia imprudencia? ¿Crees que eso es un mundo, Alrana? Eso es lodo podrido, y yo te ofrezco salir de allí."
Alrana lo miró, su ira ardiendo. "¡No me venderé por su lujo! ¡No soy su puta vestida de oro!"
Lucyano soltó una risa baja, un sonido más parecido al gruñido satisfecho de un depredador. Se puso de pie, rodeando la mesa de cristal con pasos lentos y calculados. Su aura dominante llenó cada rincón de la habitación, haciendo que Alrana se sintiera asfixiada. Se detuvo justo frente a Alrana, su alta figura proyectando una sombra sobre la chica.
"Ah, Alrana," Lucyano susurró, acercando su rostro. "Me gusta eso. Tu ira, tu espíritu. Son el mejor combustible para la obra maestra que voy a crear. ¿A quién le importa cómo te llames a ti misma? Lo importante es lo que yo le diré al mundo sobre ti."
Su gran mano agarró la barbilla de Alrana, levantándola para que los ojos de la chica se encontraran con la mirada oscura e intimidante de Lucyano. "No te pido tu consentimiento. Te ofrezco un hecho. Tu familia te necesita. Tu madre te necesita. Y tú, Alrana, necesitas mi voz para llevar tus canciones más allá de las laderas de la montaña.
Soltó su agarre y deslizó un botón al lado de la mesa. La pared frente a Alrana se transformó repentinamente en una gigantesca pantalla de monitor. La imagen que apareció allí hizo que la sangre de Alrana dejara de fluir.
Era su casa. La pequeña y sencilla casa en Oaxaca, ahora rodeada por un grupo de hombres tatuados con rifles de asalto. Llevaban antorchas, y pequeñas llamas ya comenzaban a lamer las paredes de las casas circundantes. Se veía a su madre gritando presa del pánico, tratando de proteger a los hermanos menores de Alrana.
"Firma, Alrana," la voz de Lucyano ahora era más pesada que el hierro. "O serán arrasados esta noche. Junto con todos tus estúpidos recuerdos de la gloria en Oaxaca que solo existen en tus cuentos de hadas."
***







