El frío viento nocturno del balcón solitario aún se sentía en la piel de Alrana, pero la sensación de ardor en sus labios era mucho más real, más penetrante. El beso de Lucyano —el primer beso lleno de ira, dominación y posesión— había dejado una huella imborrable en su alma. Se sentía asqueada, enojada y confundida al mismo tiempo. Sus piernas se sentían inestables mientras regresaban al ático de aislamiento, a través de los lujosos pasillos que ahora se sentían como un laberinto engañoso. Luc