Carlotta estaba queriéndose enterrar en el suelo, en un puro temblor de la vergüenza.
— Oiga…
Llamó a la espalda de la mujer que la había empujado con grosería.
Por alguna razón le resultaba conocida.
Cuando se giró, Carlotta lo entendió todo.
— Disculpa, ¿me llamaba para algo?
Se giró una pelicastaña de ojos azules astutos y de aspecto refinado, una niña rica en toda regla.
Solo que la Duquesa sabía muy bien, que todo eso era fachada.
Posiblemente, todo llevara la etiqueta por dentro, a su fam