— Y también envía a dos hombres que vigilen discretamente el Porche negro que está estacionado en la esquina con una mujer adentro.
Agregó metiéndose en el elegante elevador dorado y las paredes de espejos
— Si le pasa algo a ella, lo pagarán con su vida.
— Sí, sí, jefe enseguida – el hombre ya agarraba el móvil.
— Discreto ¿escuchaste? Que ella no se vaya a asustar - y con la misma, sacó una llavecita y activó el seguro de su oficina privada.
El elevador comenzó a cerrar sus puertas.
Su aura