— Mejor quedarme tranquila, no buscar más problemas – pensó suspirando y en eso, ¡lo vio que venía saliendo del casino!
— Hay por Diosito, gracias que está bien – murmuró dejando caer un peso de su pecho.
Fabio caminó hacia su auto, con su percha de hombre de seguridad decente, dándole una mirada de reojo a los hombres que “bebían” cerca del auto.
Desbloqueó la cerradura electrónica y se metió en la puerta del chofer.
— ¿Estás bien? – se sorprendió al tener las manitos sudadas y temblorosas