Fabio se movía con agilidad por el ring, bloqueando a su adversario y atacando cuando era el momento correcto.
La adrenalina de la pelea hirviendo en sus venas, patada arriba, bloqueo de manos, puñetazo en el hombro, cayeron ambos rodando el suelo, pero Fabio ya tenía al oponente prisionero en una llave estranguladora.
¡Tap, tap, tap!
Sonaron las palmaditas sobre el suelo del ring, la señal de rendición y solo así soltó al robusto hombre con el que luchaba.
Se levantó con el torso desnudo, los