—¿Cómo voy a acallar este zumbido en mi mente?
De pie frente al espejo, observaba la marca dentada, de un rojo oscuro, que había quedado grabada en la piel del lado izquierdo de mi cuello. No era solo un dolor físico lo que sentía; en el fondo de mi mente resonaba una frecuencia pesada y oscura que no me pertenecía.
—No lo harás —dijo la voz ronca de Damien, recién despertado. Sentado al borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas, me observaba—. Te acostumbrarás.
—Vaya —dije, esbo