Damien, el niño lleva diez minutos durmiendo. Si te acercas a esa cuna y lo despiertas, te juro que te encierro con mis propias manos en ese calabozo frío que vació Moros.
—¡Es que está demasiado silencioso, Elara! Normalmente, hasta en sueños debería emitir electricidad estática a su alrededor. Mira, la lámpara de la mesita de noche está encendida. No ha explotado. Seguro que le pasa algo.
Apoyada en las almohadas de la cama, usaba mi taza de café caliente descafeinado como escudo frente a mi