Subí las escaleras jadeando mientras la luz gris y brumosa de la mañana se reflejaba en los cristales de la clínica. Apreté con fuerza el bisturí dentro de mi bolsillo. Estaba tan furiosa con Julian que había afilado en mi mente cada palabra que pensaba escupirle a la cara en cuanto abriera la puerta. Sin embargo, mis pasos se congelaron al llegar a la entrada principal.
La puerta estaba destrozada. Aquella puerta, tan robusta como una caja fuerte de acero, parecía haber sido arrancada de sus b