—Sonríe, doctora. Todas las cámaras nos apuntan.
—Tengo náuseas, Damien —murmuré, entrecerrando los ojos ante los flashes que estallaban uno tras otro. Me subí un poco más el cuello de mi abrigo de cachemira color marfil—. Además, han rociado tanto perfume que la entrada del salón apesta a planta química. ¿Cuándo vamos a terminar con esto?
—Solo cinco minutos —susurró Damien, rodeando mi cintura con más fuerza mientras me guiaba hacia el interior del inmenso salón de baile, coronado por majestu