—Este repugnante intento de linchamiento que están viendo ahora en sus pantallas no es solo un asesinato de mi imagen pública, sino un atentado contra todos los niños huérfanos del Norte...
—¡Apaga eso, Jax! ¡Voy a tirar el televisor por la ventana ahora mismo!
—No, no lo apagues —dije, inclinándome hacia delante desde mi sillón de cuero—. Sube el volumen. Quiero escuchar cada palabra de las estupideces que está diciendo.
—Elara, este hombre se está burlando en nuestra cara —rugió Damien, paseá