—Alto —dije, levantando la mano de repente.
En la oscuridad absoluta del bosque, el escuadrón de veinte guerreros que avanzaba a mis espaldas como una sola sombra se detuvo al instante sin emitir el más mínimo sonido. Inhalé el olor sutil, húmedo y penetrante a tierra que traía el viento.
—¿Es aquí? —susurró Damien, justo al lado de mi hombro. Su aliento acarició la marca del vínculo en mi cuello.
—Muy cerca —susurré, cerrando los ojos—. Azufre y pino viejo. Cuando mi padre me traía a esta lade