Los rayos del sol se filtraban suavemente a través de mis párpados, y una sonrisa se dibujó en mis labios al recordar lo maravilloso que había sucedido la noche anterior. Me removí un poco, sintiendo el cálido y protector abrazo de Viggo sobre mí.
—Buenos días— murmuró él, con la voz ronca.
Levanté la vista y lo miré; sus ojos azules brillaban con una luz especial, como estrellas recién nacidas, y sabía que ese destello era solo para mí.
—Buenos días— respondí, dejando un beso delicado en sus l