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Después de caminar por lo que me pareció una eternidad, nos detuvimos. Viggo se alejó de mí y fue con el resto de los hombres. Busqué un lugar donde sentarme y, al encontrarlo, lo hice. Apenas me acomodé, una anciana se sentó a mi lado. Giré la cabeza, la salude y ella respondió con un leve asentimiento.

Aparté la mirada y busqué a Viggo, observándolo mientras hablaba con los otros hombres, su presencia imponente pero distante.

—Las almas siempre regresan a terminar lo que una vez no pudieron c
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