UN ACCIDENTE EN LA MESA.
-Lo lamento, no fue mi intención, dijo el hombre apenado, dame la blusa la pondré a lavar de inmediato, tengo una maquina de secado rápido, en diez minutos estará seca.
Zaira no dijo nada, solo lo miró y se quitó la blusa delante de él de la manera más sexi que se le podía ocurrir; ella sabía lo que provocaban sus senos en Dante.
-Tome señor Fabbri, usted lo provocó, usted lo soluciona.
Aquella chica en aquel bralette se veía realmente hermosa, a Dante nunca nadie lo había puesto así de nervios