Gustavo
Los párpados me pesan mucho y no soy capaz de abrir los ojos, pero sí de sentir la pequeña cintura que rodeo con los brazos. A pesar de que todo fue muy violento, logré controlarla y los dos terminamos estallando en cuanto llegamos en la habitación.
He pasado por muchos cuerpos, y seguramente ella también por otros, pero nada se compara a cuando estamos juntos. Sentí que me vaciaba como hace años no lo hacía.
—Buenos días, cariño —susurro.
—¡Ay, no! —grita Ruth, saliendo de la cama tan r