El silencio en el pasillo tras la salida de Gabriel era casi ensordecedor. Lucas permanecía con una ceja alzada, mientras Moisés rascaba su nuca, visiblemente confundido por la negativa tajante de su capitán. Bella, por su parte, sentía una mezcla de indignación y una curiosidad punzante que no lograba aplacar.
Unos minutos después, Gabriel regresó a la cocina. Su rostro estaba tenso, las líneas alrededor de sus ojos marcadas por una frustración que intentaba contener. Se detuvo frente a la mesa