El turno había terminado oficialmente, pero el aire en la Estación 314 seguía cargado de la electricidad que dejaba el incendio y la frialdad de Isabella. Martha había servido una cena silenciosa, donde el único sonido era el de los cubiertos. Bella comió lo justo, manteniendo la mirada en su plato, ejecutando cada movimiento con la precisión de un autómata.
Cuando Lucas se levantó para ir hacia la camioneta, se detuvo junto a ella.
—Bella, ya es hora. Vamos a casa, te espero en el estacionamien