El ambiente en la Estación 314 era una mezcla de vapor de café y el zumbido de los motores. Isabella, que ahora solo respondía al nombre de Bella, intentaba pasar desapercibida limpiando las herramientas en un rincón del taller. Su plan de ser un "fantasma" se estaba complicando por culpa de un capitán de ojos gélidos y una escalera resbaladiza que todavía hacía que sus mejillas ardieran al recordarlo.
Sin embargo, el destino decidió jugar sus cartas esa mañana. Durante el cambio de guardia, el