El sonido de la alarma de incendios rompió el tenso silencio de la estación como un latigazo. El código era claro: incendio estructural en una zona de almacenes cerca del puerto. En cuestión de segundos, el hangar se convirtió en un hervidero de actividad.
Isabella, que acababa de salir de los camerinos con el uniforme limpio pero el rostro aún pálido, no dudó. Se subió a la parte trasera del camión 314, ajustándose el casco con movimientos mecánicos. Sus ojos ya no buscaban la aprobación de Gab