El turno en la estación 314 terminó con un silencio pesado. Gabriel se quitó el uniforme de faena con movimientos bruscos, se puso una camiseta limpia y caminó directamente hacia su camioneta sin mirar a nadie. Lucas, que conocía perfectamente esa mirada de "tormenta inminente", lo siguió de cerca y se subió al asiento del copiloto antes de que Gabriel arrancara.
—¿A dónde vamos, Gabriel? —preguntó Lucas, abrochándose el cinturón—. La casa queda para el otro lado.
—A la Taberna de Joe —gruñó Gab