El humo negro y espeso de los almacenes del muelle norte se alzaba hacia el cielo de Thalassa como una columna de castigo. El incendio estructural estaba bajo control, pero el calor residual seguía castigando los trajes de protección de los bomberos. Gabriel, Lucas, Liam y Nicolás se encontraban sentados en el estribo del camión principal, con las chaquetas abiertas y los rostros cubiertos de hollín y sudor.
El silencio tras la batalla solo era interrumpido por el goteo constante del agua de la